EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO UCRANIANO EN EL IMPERIO ESTALINISTA (1986)

Zbigniew Marcin Kowalewski

 

Publicado en: La Batalla. Revista del Partido Revolucionario de los Trabajadores
(México), Año III, No. 14, Marzo-abril de 1986, pp. 87-98, bajo el seudónimo de
Arthur Wilkins. El epílogo escrito en 2015.

 

Boris Krimer

Foto Boris Krimer

Durante la Segunda Guerra Mundial, en los territorios occidentales de Ucrania, ocupada por el imperialismo alemán, apareció un gran movimiento de masas que pronto formó un ejército insurgente de unos 40 mil combatientes. Este movimiento nacional, luchando contra las tropas nazis, manifestaba una hostilidad similar a la Unión Soviética y aspiraba a la independencia de Ucrania. Después de la guerra y la incorporación de estos territorios a la URSS, dicho ejército rebelde pasó a una guerra de guerrillas. En las zonas orientales de la República Popular de Polonia, donde también operó, fue vencido en 1948, cuando al pez se le quitó el agua, deportando toda la población ucraniana de las montañas. En Ucrania soviética las guerrillas sostuvieron los últimos combates a comienzos de los años 50.

¿Qué fue y por qué luchó este movimiento que sin ayuda alguna se mantuvo casi diez años exclusivamente gracias al apoyo popular y a pesar de una exterminación sin misericordia de la cual fue objeto? En noviembre de 1950, cerca de la ciudad de Ivano-Franquivsk, cayó en combate con las tropas del NKVD (policía política soviética) el capitán Osyp Diaquiv-Jornovy. En el invierno de 1951-52, en los bosques de los montes Cárpatos, cayó en circunstancias similares el mayor Petro Poltava. Los dos eran dirigentes de primera plana de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y comandantes del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA). Pertenecían a la misma generación de jóvenes cuadros del nacionalismo revolucionario ucraniano y eran sus principales teóricos. Con sus nombres y su actividad estuvo ligada la radical evolución, ideológica y programática, del movimiento de liberación nacional de Ucrania hacia el socialismo democrático. El pensamiento político de la OUN y del UPA, desarrollado por Jornovy y Poltava, constituye hasta hoy para el Kremlin el más peligroso patrimonio del nacionalismo ucraniano de los años cuarenta —algo que el estalinismo quiere borrar de la memoria histórica sobre este movimiento revolucionario que durante largos años, hasta 1954, le ofrecía resistencia con las armas en la mano y que los gobernantes del Kremlin hasta nuestros días no han cesado de desacreditar con extrema virulencia, tildándole de fascista—. Caso único de una expresión organizada y teorizada del nacionalismo revolucionario en una sociedad poscapitalista bajo el poder de la burocracia totalitaria, las posiciones del movimiento de liberación ucraniano merecen el interés de los socialistas revolucionarios e internacionalistas, tanto más que su conocimiento les puede ayudar a tomar el partido ante la cuestión nacional en la URSS, en torno a la cual se acumula una parte importante de la carga explosiva de la futura revolución antiburocrática.

La degeneración chovinista de la revolución rusa

En la Unión Soviética, que es un Estado multinacional, la degeneración de la revolución proletaria que llevó a la instauración del sistema de poder de la burocracia totalitaria, fue al mismo tiempo una degeneración chovinista. Partiendo de los centros industriales de Rusia, la revolución de octubre se expandió hacia las periferias del antiguo imperio zarista —en que más de la mitad de la población pertenecía a diferentes nacionalidades no rusas— en buena medida por medio de una conquista militar. Tal fue también el caso de Ucrania, donde se produjo la ruptura entre la revolución social rusa y la revolución nacional ucraniana que desembocó en una guerra abierta entre Rusia soviética y la República Popular Ucraniana dirigida por las fuerzas “social-patriotas”1. La dirección bolchevique se opuso resueltamente a toda tentativa de separación de Ucrania. A fines de 1918, en una obra que, descubierta no hace mucho tiempo, algunos historiadores consideran como la primera expresión política política y teórica del llamado “comunismo nacional” ucraniano2, el militante bolchevique Vasyl Shajrai mostró que la consecuencia natural del desarrollo de una impetuosa revolución nacional y de su trueque en una revolución social debería ser la aparición de una Ucrania soviética independiente. En su accionar revolucionario las masas populares testimoniaban sin equívocos su aspiración a separarse como nación de Rusia, señalaba Shajrai. Seguido luego en este plano por los “comunistas nacionales” que aparecieron en Ucrania en los años del ascenso del estalinismo, Shajrai había corregido la famosa tesis sobre la internacionalización de las fuerzas productivas que desbordaba los marcos de los Estados nacionales volviéndoles caducos. Este proceso, afirmaba, tenía su contrapartida en la nacionalización de las fuerzas productivas, base del despertar a la independencia nacional de numerosos pueblos oprimidos, incluyendo los que parecían ser “sin historia”3.

Las alas proletarias de la revolución ucraniana —dos partidos comunistas, provenientes de la extrema izquierda de la socialdemocracia y de los socialistas-revolucionarios— luchaban por la separación de Ucrania soviética en los años de la guerra civil. Finalmente pasaron al campo del partido bolchevique, fusionándose luego con él. Pero ellos aceptaron apenas a regañadientes que Ucrania no obtuviera la independencia nacional a que aspiraban. Muchos de sus militantes no abandonaron este objetivo incluso después de la formación de la URSS. Obraron en este sentido al interior del partido bolchevique, recrudeciendo su acción y promoviendo la disidencia en la medida en que se estalinizaba el mismo4.

Allí como en otras repúblicas soviéticas no rusas, la tensa cuestión nacional que se mantenía después de los años de la guerra civil y que los bolcheviques tenían enormes dificultades a resolver en el cuadro de un Estado único, fue resuelta a su manera por el estalinismo, con su ascenso al poder. Subrayemos que en su famoso testamento Lenin no sólo advirtió el peligro que representa la creciente burocratización del aparato de poder, sino denunció el hecho de que eran los burócratas chovinistas gran-rusos que se imponían cada vez más. Fue por esto que en el último periodo de su vida Lenin llamaba a declarar “una guerra a muerte al chovinismo y el imperialismo rusos” que copaban posiciones en los aparatos del partido y del Estado. Instaurando su dictadura sobre la clase obrera, el estalinismo sometía al mismo tiempo a la opresión las nacionalidades no rusas. Pronto el pueblo ruso, bajo el mando de una burocracia rusa o rusificada, fue erigido a la posición de supremacía sobre otros pueblos soviéticos. El ideal reaccionario de una “Rusia una e indivisible” fue restaurado plenamente, convirtiendo la Unión Soviética en un nuevo imperio ruso.

En 1926-27 fue aplastada la oposición “comunista nacional” en el PC de Ucrania, conocida bajo el nombre de “jvylovismo”. La encabezó el escritor y militante bolchevique Mykola Jvylovy, declarando que todas tentativas de oponerse a la aspiración independentista del pueblo ucraniano “por un lado frenaban la conformación de las fuerzas de clase y por otro, introducían un factor de caos en el proceso histórico-mundial”. Jvylovy llamaba a que la clase obrera de su país se desrusificara y ucranizara. apropiándose al mismo tiempo de las mejores conquistas culturales de Europa que se sumía en el proceso de extinción de la civilización burguesa. La “joven clase de la joven nación” que era Ucrania.debía ser, según él, una poderosa fuerza de choque en la revolución proletaria y en la fundación de una nueva civilización en el continente. Pero para desempeñar su papel necesitaba distanciarse lo más posible de Moscú que “en realidad nunca había visto la Revolución de octubre ni sus combates heroicos” y era ahora, “a escala de la Unión, el centro de la pequeña burguesía”, entre la cual subsistían apenas algunos oasis proletarios y bajo cuya frase internacionalista se ocultaba un retrógrado “nacionalismo zoológico” de gran potencia5.

En 1932-33 la colectivización forzada de la tierra y la confiscación por el Kremlin de todo trigo que se encontraba al alcance de la boca del fusil provocó la muerte de hambre de 6 millones de campesinos ucranianos, a la cual la burocracia estalinista asistía con los brazos cruzados6. Este genocidio fue seguido por un virtual pogromo del PC de Ucrania7. Después de diez años de un terror de masas, cuyo objetivo fue extirpar toda vitalidad. nacional al pueblo ucraniano para convertirlo en un saco de arena —terror que constituye la más horrible página en la historia del estalinismo— llegó la Segunda Guerra Mundial. Las masas de Ucrania, incluyendo una parte importante de los cuadros comunistas, adoptaron una actitud derrotista generalizada ante la invasión de la Unión Soviética por el imperialismo nazi. Más de un millón de soldados ucranianos del ejército soviético se entregaron sin combate a las tropas nazis, negándose a morir por Stalin y por “la patria del socialismo” en que no se reconocían. Durante esta guerra se vio a numerosos-antiguos comunistas y militares cambiar la estrella roja, que consideraban una insignia del dominio gran-ruso, por el tridente, la insignia, proscrita en la URSS, de la nacionalidad de Ucrania, para combatir en las filas de la insurgencia nacionalista “contra Hitler y contra Stalin, contra el imperialismo alemán nazi y contra el imperialismo moscovita bolchevique”, como decían… pero para “construir una sociedad sin clases en su propio Estado nacional libre”.

La dependencia absoluta de la situación del pueblo ucraniano —uno de los más grandes por su población y territorio en Europa— de la burocracia del Kremlin continúa. “Internacionalismo o rusificación?”, preguntaba en 1965 el escritor Ivan Dziuba en un libro que, desde una posición teórica marxista y leninista, con una argumentación inequívoca y aplastante, denunciaba la subordinación de su pueblo al poder chovinista gran-ruso de la burocracia moscovita8. Fue el periodo en el cual incluso sectores importantes de la misma burocracia ucraniana, bajo el liderazgo de Petro Shelest, padecían de lo que iba a ser calificado pronto y aplastado como una “grave desviación nacionalista”9.

Uno de los aspectos más relevantes de la opresión del pueblo ucraniano en la Unión Soviética es una increíble explotación económica a la cual él se ve sometido. Mediante un cuidadoso análisis de los datos disponibles y concernientes varios periodos desde fines de los 30 hasta comienzos de los 70, el economista Z. Lev Melnyk ha establecido lo siguiente con respecto a la succión del excedente económico del país por el poder central de la URSS: “Sin contar los beneficios que el gobierno central obtiene de la contribución de esta república al comercio exterior, las pérdidas de Ucrania se sitúan a nivel de la sexta o aún mayor parte de su renta nacional. Es obviamente un precio inmensamente excesivo a pagar por su pertenencia a la URSS. Los fondos de capital que se transfieren de Ucrania a otras partes de la URSS son de un tamaño tal que alcanzan los niveles sin precedentes en la historia mundial de las relaciones económicas entre las naciones. Dado el hecho de que estos fondos son transferibles por el gobierno central de acuerdo a sus propios planes y sobre la base de no compensación, ellos constituyen una pérdida irrecuperable para su productor que es Ucrania.”10 A título de comparación señalemos que según las estimaciones de Paul Baran, la Gran Bretaña se apropiaba durante el siglo XIX de una décima parte de la renta nacional de la India.

Ucrania, que había sido una colonia “de tipo europeo” en el imperio zarista y fue, en el momento do la fundación de la Unión Soviética, más desarrollada desde el punto de vista económico global, así como gozaba de un nivel de vida más elevado que Rusia, a consecuencia de esta explotación desde los años 60 se ve adelantada por su “gran hermana” en cuanto al nivel y el ritmo anual de desarrollo económico e igualmente desde el punto de vista del ingreso anual por habitante11. Existen muchos indicios que sugieren que tanto el grado de explotación de Ucrania como la forma de desarrollo dependiente y muy deformado que la caracteriza en la URSS, se deben en gran medida a las opciones estratégico-militares del Kremlin, en el marco de las necesidades generales de reproducción del sistema de dominación burocrático. Por ejemplo, las industrias cuya producción se encuentra ligada a la satisfacción de la demanda del aparato militar soviético, se sitúan más allá de los montes Urales y es allá donde se invierte una parte importante del excedente extraído de Ucrania. Ya en 1928 el economista Myjailo Volobuev, ligado a la disidencia comunista nacional, señalaba que los chovinistas gran-rusos que dominaban en el aparato de gestión económica central de la Unión Soviética se negaban a invertir en el desarrollo industrial de Ucrania, ante todo al oeste del río Dnieper, por considerar este territorio como poco seguro en el caso de una guerra12. El círculo es vicioso: la burocracia moscovita opta por transferir enormes excedentes de Ucrania al interior de la URSS por desconfiar de la “lealtad” del pueblo ucraniano y en su turno este pillaje agudiza la cuestión nacional ucraniana. El resultado se vio en 1941, durante la invasión nazi, cuando las masas de soldados ucranianos decidieron “rendirse sin combate al enemigo con las armas que no utilizaron y que habían sido producidas en las fábricas de los Urales, mejor situadas desde el punto de vista estratégico…”13

En Ucrania de hoy existe una poderosa clase obrera, una de las más instruidas en la URSS debido a que sus filas se nutren de grandes contingentes de la juventud que, una vez terminadas sus escuelas, encuentran cerradas por la opresión nacional las vías de acceso al trabajo intelectual. Esta ciase constituye más de un 50 por ciento del total de la población de la república y más de un 75% de la población étnicamente ucraniana. Lo que se observa en este medio obrero, es una creciente conciencia de ciase que se funde cada vez más con la conciencia nacional14. Esto no le augura nada bueno a la burocracia moscovita.

Por el derrocamiento del estalinismo, contra la restauración del capitalismo
Petro Fedun-Poltava

Petro Fedun-Poltava

La Organización de Nacionalistas Ucranianos, fundada en 1929, actuaba en la clandestinidad en Ucrania occidental que entre las dos guerras mundiales pertenecía al Estado polaco. La OUN y el Partido Comunista de Ucrania Occidental (KPZU) polarizaban entonces los sectores populares más radicalizados de una población en un 90 por ciento rural, sometida a una feroz opresión nacional y social en un área muy subdesarrollada. Contrariamente al KPZU, más ligado a las capas proletarias de la ciudad y del campo, la OUN tenía su base social en la juventud pequeñoburguesa y en el campesinado pobre15. El KPZU fue disuelto en 1938 conjuntamente con el PC polaco, por la célebre y criminal decisión de la Comintern. Profesando un nacionalismo extremo y degenerando en el terrorismo16, la OUN tendía a apoyar su estrategia de lucha por la independencia nacional y la unificación de toda Ucrania en las potencias imperialistas “revisionistas”, es decir, en Alemania nazi e Italia fascista. Recibía al mismo tiempo influencias de la ideología fascista17. Existía el peligro que ella compartiera la suerte de otros movimientos del “nacionalismo integral” en Europa del Este, que como los “ustachis” croatas y los “hlinquistas” eslovacos formaron durante la guerra Estados títeres bajo la protección nazi18. Recordemos que en este periodo también un movimiento como el Ejército Republicano Irlandés coqueteaba con los nazis.

Dos factores causaron un viraje espectacular de la OUN. En primer lugar, el imperialismo alemán invadiendo la Unión Soviética en 1941 no se proponía permitir la formación de un Estado ucraniano, ni siquiera títere. La OUN, aprovechando las victorias nazis sobre el ejército soviético, intentó proclamar la fundación de un Estado nacional, para lo cual contaba con un vasto movimiento nacional de masas que después del paso de las tropas alemanas se sublevaba estableciendo las instituciones de autogobierno nacional y las milicias populares19. Rápidamente los nazis desataron una dura represión contra los independentistas, incluyendo sus antiguos aliados de la OUN, lo que obligó a estos últimos a pasar a la clandestinidad y la resistencia.

Otro factor era el profundo impacto que tuvo la realidad soviética sobre los “grupos expedicionarios” de la OUN que, aprovechando el avance militar nazi, penetraron en la profundidad de los territorios ucranianos de la URSS. En Donbas, gigantesco centro industrial, estos grupos encontraron por vez primera un poderoso y moderno proletariado ucraniano de una sociedad poscapitalista. En base a los informes enviados a la dirección de la OUN por los “grupos expedicionarios”, un historiador ha reconstruido los debates que ellos entablaron con los obreros20. Estos recibían bien el mensaje independentista de la OUN y se pronunciaban por el derrocamiento del régimen estalinista. Pero rechazaban firmemente la restauración del capitalismo, la ideología totalitaria de una “dictadura nacional” que caracterizaba a la OUN y su consigna chovinista de una “Ucrania para los ucranianos”. Querían que se instaurara un poder democrático mediante las elecciones libres a los soviets y una gestión colectiva de los medios de producción por los trabajadores mismos, es decir, un régimen de democracia socialista. Decididos a aprender de las masas y ponerse a su servicio, los “grupos expedicionarios” renunciaron a la ideología política y al programa de la OUN en todo lo que era inaceptable para los trabajadores ucranianos de la URSS.

Yevjen Stajiv, que había dirigido las redes clandestinas de la OUN en Donbas bajo la ocupación nazi, escribió luego lo que había pasado: “La mayoría de los partidarios de la liberación nacional eran los obreros. El estrato obrero que es la clase social más activa políticamente de Ucrania moderna, tomó el camino del movimiento revolucionario de liberación ucraniano y en vez de ser instrumento en manos de la burocracia se adhirió a la lucha por una Ucrania independiente. ¿Cómo esto se produjo? A mi modo de ver, la clase obrera de Donbas fue atraída hacia nosotros por nuestras consignas revolucionarias-progresistas y nuestras ideas democráticas. Las consignas comunistas habían ejercido durante mucho tiempo una enorme influencia sobre las masas obreras. Ellas tenían miedo a que retornara el capitalismo, el sistema de explotación que había derrocado por la revolución de 1917. Pero el movimiento de liberación ucraniano les mostró a los obreros que además de los regímenes degenerados del capitalismo y del comunismo era posible una tercera vía, una vía ucraniana y revolucionaria-progresista, tendiente a la construcción de un nuevo orden social, democrático y sin clases. Las conquistas de la revolución de 1917 debían constituir los fundamentos de este nuevo sistema social ucraniano.”21

Así nacía una nueva OUN que con la antigua —como bien dice un investigador— tenía más lazos de discontinuidad que de continuidad22. Es interesante subrayar que en el marco de este viraje radical que se operaba progresivamente en los años de la guerra mundial, la OUN reconoció como suyo el patrimonio de la disidencia comunista independentista que había aparecido a mediados de los años 20 en Ucrania soviética, el “jvylovismo”. Los dirigentes de la OUN veían en ella un formidable intento revolucionario de proporcionar un nuevo contenido político y social al movimiento de liberación ucraniano —de conjugar la adhesión a “todas las conquistas positivas de la revolución” de 1917 (es decir, el derrocamiento del capitalismo) con “la lucha contra el ajeno centro imperialista”, es decir, Moscú—. Uno de los mayores valores de esta disidencia, aplastada por el estalinismo, consistía según la OUN en que “ella tenía por su marco el conjunto de la Unión”, aspirando a asestar “un golpe a Moscú imperialista no sólo desde Ucrania sino desde todos los territorios subyugados” de la Unión Soviética23.

En agosto de 1943 el Congreso Extraordinario de la OUN adoptó un nuevo programa. Fue el periodo en que la OUN se ponía al frente de la lucha armada de las masas de Ucrania occidental contra del imperialismo alemán, formando el Ejército Insurgente Ucraniano y se preparaba a oponer una resistencia armada a la reconquista de esta área por el “imperialismo moscovita-bolchevique”, como los nacionalistas denominaban el sistema de opresión nacional instaurado por el estalinismo. De un lado, este programa preveía la formación de un Estado Independiente Unido Ucraniano, así como la colaboración con los movimientos de liberación de otras naciones oprimidas de la URSS. El objetivo fue demoler la “cárcel de las naciones” y asegurar su reconstrucción político-territorial mediante la formación de un sistema de Estados nacionales libres. En un tal sistema la OUN veía la única posibilidad de poner fin a la dominación de Rusia —sea “blanca” o “roja”— sobre las naciones vecinas. De otro lado, el nuevo programa se basaba en el supuesto que toda revolución nacional debía ser al mismo tiempo una revolución social, que no había ni en la URSS ni en el mundo en general una verdadera liberación nacional sin la liberación social. “Aboliendo la explotación del hombre por el hombre crearemos en Ucrania un justo orden social”, proclamaban las resoluciones del Congreso de 194324.

La declaración ¿Por qué lucha el UPA?, basada en estas resoluciones, anunciaba que en Ucrania independiente la gran industria (como también el gran comercio y la banca) serían la propiedad exclusiva del Estado-nación, mientras que la pequeña industria y el pequeño comercio serían la propiedad cooperativa y comunal, así como que a los obreros se les aseguraría la participación en la gestión de las empresas. La tierra sería nacionalizada y su usufructo sería individual o colectivo, de acuerdo con la voluntad de los campesinos25. Petro Poltava explicaba luego: “El nacionalismo ucraniano lucha porque en el futuro Estado ucraniano se construya una sociedad sin ciases, es decir, una sociedad en que no haya explotación del hombre por el hombre y en que ninguna capa social domine económicamente sobre otras capas. En la base de este régimen estará la propiedad social de los instrumentos y medios de producción. De esta manera se suprimirá la base económica para la formación de las clases explotadoras.” 26

La OUN y el UPA consideraban que en la Unión Soviética todo el poder estaba monopolizado por la “clase parasitaria de magnates bolcheviques (o estalinistas)” que ejercía una doble dominación: 1) la dominación totalitaria (dictadura) sobre las masas trabajadoras de todas las nacionalidades del imperio, incluyendo a los trabajadores de la nación rusa; 2) la dominación colonial sobre las naciones y nacionalidades no rusas (“el imperialismo moscovita-bolchevique”). Por lo tanto, había también una doble explotación: de la clase por la clase y de la nación por la nación. Los dos tipos de opresión y de explotación fueron amplia y profundamente analizados en los escritos de Petro Poltava y Osyp Diaquiv-Jornovy después de la guerra mundial, cuando las guerrillas rurales del UPA llevaban a cabo una encarnizada lucha armada contra los regímenes estalinistas en los territorios de Ucrania occidental anexados por la Unión Soviética y de Polonia oriental. Poltava y Jornovy señalaban al mismo tiempo que el origen y la naturaleza del poder de la “clase de magnates estalinistas” eran distintas del poder de clase en el régimen capitalista.

“La explotación del hombre por el hombre —decía Jornovy— se basa no solamente en la propiedad privada que permite acumular en manos de una minoría reducida (los terratenientes y los capitalistas) enormes riquezas. Vemos que en la URSS no hay propiedad privada sobre los instrumentos y medios de producción (la tierra, los bosques, las minas; las fábricas y otras empresas, el transporte, etc.), que ellos no sólo han sido expropiados a los terratenientes, capitalistas y kulaks, sino que estos últimos han sido incluso exterminados físicamente, y sin embargo, existe la explotación del hombre, existen las masas trabajadoras explotadas y los explotadores del Partido. En la URSS la clase explotadora se ha formado no sólo sobre la base de la propiedad privada sino sobre la base del poder ilimitado de un partido. (…) En el régimen bolchevique se observa un proceso contrario al que ocurre en el régimen capitalista. Concretamente, en el capitalismo es la riqueza privada que da el poder político en el Estado, mientras que en el régimen bolchevique es el poder político que abre al acceso a las riquezas materiales y permite disponer de ellas libremente.”27

Para derrocar el poder totalitario de la “clase parasitaria” de la URSS sobre las masas trabajadoras es entonces necesaria no una revolución que cambie el sistema de propiedad sino una revolución que instaure la democracia política. “El régimen democrático en el futuro Estado ucraniano, en el cual el poder será elegido por el pueblo y sometido a su control, excluirá la posibilidad de la formación de las clases explotadoras sobre la base de los privilegios políticos”28, escribía Poltava. En julio de 1950 la dirección nacional de la OUN precisaba que para asegurar una verdadera socialización de los principales medios de producción en Ucrania era necesario realizar tres tareas: primero, quitarles a los “colonizadores ruso-bolcheviques” y pasarles “a su dueño legítimo que es la nación ucraniana”; segundo, derrocar el monopolio de poder político de la “clase de magnates bolcheviques” e instaurar “un orden democrático en el Estado ucraniano”; tercero, liberar a las masas trabajadoras asegurándoles “la participación en la dirección de los procesos de producción”29. Uno de los comandantes del UPA en Polonia, después de haber pasado al Oeste, explicaba con respecto a esta tercera tarea que se trataba de instaurar “un repartición justa y planificada del plusproducto social a través de la democratización que sería acompañada por la entrega a los trabajadores de la gestión de la economía”30.

En sus obras, escritas en los bunquers subterráneos del UPA en Ucrania soviética, Jornovy dedicaba mucho espacio a la lucha ideológica contra el estalinismo. De manera implacable y al mismo tiempo brillante desenmascaraba la consolidación ideológica del chovinismo gran-ruso, realizada por Stalin. Sus escritos son una de las raras exposiciones sistemáticas de este aspecto de la ideología estalinista y hasta hoy presentan un gran interés para los marxistas revolucionarios, pero quedan lamentablemente por completo desconocidos por ellos. Al mismo tiempo, Jornovy mostraba con una extraordinaria precisión que esta ideología, reivindicándose de la teoría marxista, de hecho rompía con ella de manera flagrante. Decía: “Un papel muy importante en la ideología bolchevique contemporánea desempeñan las alegaciones sobre una ‘transición progresiva al comunismo’. Partiendo de la afirmación que en la URSS ha sido construida ya la primera fase del comunismo —el socialismo—, los magnates estalinistas sostienen que se está operando actualmente el tránsito a una segunda fase, superior —al comunismo desarrollado, es decir, que se está construyendo una sociedad en la cual se realizará el principio de ‘de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades’ y desaparecerán las diferencias entre la ciudad y el campo, entre el trabajo manual y el trabajo intelectual—”. Comentaba estas alegaciones de manera siguiente: “Las afirmaciones que se opera el tránsito al comunismo son reaccionarias y desprovistas de cualquier fundamento por la simple razón que no puede haber ningún tránsito al comunismo en la medida en que la URSS no se ha construido ningún socialismo. En la medida en que en la URSS no hay propiedad social de los medios de producción, existe una feroz explotación del hombre y no se ha realizado el principio de repartición según el trabajo (a cada uno según sus capacidades, a cada uno según su trabajo), es imposible hablar de que se pasa al comunismo”31.

La OUN y el UPA se oponían decididamente a la restauración del capitalismo en Ucrania independiente. “Los trabajadores de la URSS —escribía Jornovy— no quieren ni el capitalismo ni el seudo-socialismo estalinista. Ellos aspiran a una verdadera sociedad sin clases, a una verdadera democracia popular y a una vida libre en sus propios Estados independientes”32. A su vez Poltava, criticando las emisiones de la Voz de las Américas para la Unión Soviética, decía: “Las masas soviéticas odian el ‘socialismo’ bolchevique. Pero esto no significa que los pueblos soviéticos sueñan en el capitalismo que fue derrocado en el territorio de la actual URSS en los años 1917-1920. La mayoría absoluta del pueblo soviético se pronuncia claramente contra la restauración del capitalismo. Esto es resultado de la revolución.” Añadía: “Los que participamos en la lucha de liberación de Ucrania, los que estamos dentro de la Unión Soviética y tenemos lazos con amplias masas soviéticas, sabemos muy bien que ellas no tienen ninguna admiración para el capitalismo —ni del viejo estilo europeo ni del moderno estilo americano—”33.

Señalando que “en el capitalismo las masas trabajadoras se encuentran en la situación de ciudadanos explotados económicamente e impotentes políticamente”, Poltava afirmaba: “La situación en que ciertas clases sociales se enriquecen y viven en el bienestar, mientras que otras sufren hambre, se sumergen en la pobreza, sólo porque lo único de lo que disponen son sus propias manos, su fuerza de trabajo, contradice de manera flagrante los conceptos de justicia social y de solidaridad nacional. (…) El nacionalismo ucraniano no quiere que en el seno del pueblo ucraniano existan los explotadores y los explotados, que este pueblo sea desgarrado por la lucha de clases. Puesto que se puede poner fin a esta situación peligrosa de una sola manera —socializando todas las ramas de la economía— él considera tal socialización como la base del nuevo régimen económico-social.” Además, el capitalismo genera las crisis económicas que con las guerras constituyen el mayor mal de la humanidad. “Uno de los mecanismos para impedir las crisis es la introducción de la planificación en la vida económica, la organización planificada de la producción y la repartición. La planificación en estos terrenos es posible sólo en una economía socializada. Por esta razón, la socialización de los instrumentos y medios de producción es también uno de los modos de contrarrestar la generación de las crisis económicas”34.

La OUN no situaba la lucha de liberación en un cuadro estrictamente nacional. Se proponía actuar en alianza con los movimientos de liberación de otros pueblos oprimidos de la URSS, a cuyo desarrollo quería contribuir. Como su aliado potencial consideraba también a las masas populares rusas. Ya en 1943 el ex-comunista Yosyp Pozychaniuk que era ahora director del departamento político en la Comandancia General del UPA, elaboró los fundamentos de una estrategia cuyo objetivo era derrocar la tiranía del Kremlin por medio de una “revolución sociopolítica a escala de toda la Unión”. Había que llegar, insistía, a una alianza con los trabajadores rusos, similar a la que permitió a estos últimos, conjuntamente con los pueblos oprimidos, derrocar el imperio zarista y vencer los ejércitos de Rusia “blanca”35. Estas ideas de Pozychaniuk fueron luego recogidas y desarrolladas por Jornovy y Poltava.

Después de la Guerra Mundial el UPA buscaba crear un frente común con los movimientos de resistencia en Polonia y otros países del Europa del Este que, ocupados por el ejército soviético, fueron incorporados a la zona de dominación del Kremlin. “Debemos crear entre todos los elementos patrióticos antibolcheviques de otros pueblos —subrayaba de manera insistente Poltava— la conciencia que su lucha contra el bolchevismo puede ser exitosa sólo bajo la condición que la conduzcan bajo las consignas verdaderamente progresistas y populares, adoptando un programa político y económico-social realmente avanzado. De acuerdo con nuestra experiencia, los puntos fundamentales de tal programa deberían ser los siguientes: a) un sistema de Estados nacionales libres de todos los pueblos; b) la democracia en el terreno del régimen político de cada Estado; c) la construcción de una sociedad sin clases sobre la base de la propiedad social de los principales instrumentos y medios de producción. Si no adoptan un programa tal, serán vencidos en su lucha antibolchevique; serán vencidos ante todo porque no lograrán ganarse las masas”36. Fue justamente lo que pasó con las guerrillas antiestalinistas polacas, con las cuales el UPA intentó colaborar sin mayor éxito.

En lo que concierne al plano europeo, ya en 1945 la OUN indicó que el continente caía bajo la hegemonía de la Unión Soviética y de las mayores potencias imperialistas occidentales que se le repartían en esferas de influencia. Abogando por apoyar la lucha por la liberación de Ucrania en las propias fuerzas del pueblo ucraniano y preservar una independencia estricta con respecto a las potencias del Oeste, consideradas como imperialistas e interesadas en la subyugación de Ucrania, así como en la restauración del capitalismo, se pronunciaba por una lucha común de los pueblos europeos contra la dominación de las superpotencias. Esta lucha debería perseguir la independencia nacional y la construcción de las sociedades sin clases de manera autónoma por cada pueblo, sin injerencia extranjera alguna37. Pero la OUN se abstenía de toda referencia al movimiento obrero de Europa del Oeste, aunque en la fase final de su existencia comenzó a buscar contactos con algunos de sus sectores.

En el periodo de la “guerra fría”, partiendo de un análisis incorrecto de la Unión Soviética como una nueva y, por tanto, la más agresiva potencia imperialista con vocación mundial, la dirección de la OUN estaba convencida que una irresistible dinámica de expansión militar que le atribuía a la URSS provocaría una nueva guerra mundial. En gran medida inscribía su estrategia en esta falsa perspectiva, esperando que tal guerra sería acompañada por un nuevo auge de la revolución nacional en Ucrania.

La actitud ante el marxismo
Osyp Diakiv-Hornovy and Roman Shukhevych

Osyp Diaquiv-Jornovy (derecha) y Roman Shujevych

A la luz de la presentación anterior del pensamiento político de Jornovy y Poltava surge la cuestión de la actitud del nacionalismo revolucionario ucraniano ante el marxismo. Esta cuestión fue planteada en su tiempo por un grupo de socialistas revolucionarios ucranianos, principalmente Ivan Majstrenko y Vsevolod Holubnychy, que editaban en el Oeste el periódico Vpered (Adelante), así como difundían las informaciones sobre la lucha y las posiciones del UPA en la izquierda del movimiento obrero de los países capitalistas y en los círculos dirigentes titistas de Yugoslavia. En este grupo se consideraba, lo que no nos parece fundamentado, que había contradicciones entre las posiciones de Poltava y las de Jornovy —que este último representaba una corriente marxista en el seno de la OUN—. En 1949-50 Vpered estableció el contacto con la,dirección de la OUN en Ucrania y recibió una carta de Poltava, cuyo contenido fue aprobado por Jornovy.

En esta carta leemos: “Solo en lo esencial estamos de acuerdo con la crítica del capitalismo que fue hecha por Marx, así como valoramos positivamente (aunque no en su conjunto) la concepción socialista (es decir, formulada por los socialistas de diversas corrientes) de construcción de la sociedad que debería reemplazar la sociedad capitalista. (…) En estos dos puntos —en nuestra visión del capitalismo y en la concepción de la sociedad sin clases— en el mejor de los casos nos acercamos en cierta medida a las teorías socialistas, incluyendo el marxismo. (…) Hemos formulado nuestros puntos de vista no como ‘discípulos de Marx’, no como militantes por el socialismo, sin una menor atracción por el marxismo, en una lucha contra el marxismo como una ideología de conjunto, en la lucha contra todas las nefastas consecuencias del marxismo en el suelo ucraniano. Hemos elaborado nuestros puntos de vista de manera puramente empírica, partiendo de nuestras posiciones ideológicas nacionalistas. (…) No se debe vincularnos con el marxismo porque en el sentido más completo del término somos un movimiento nacional, no un movimiento clasista o clasista-internacionalista, como le requeriría el marxismo.”

En su carta Poltava insistía en que la OUN se había formado y seguía actuando “como un movimiento que lucha contra el marxismo, contra los efectos desintegradores y destructores introducidos por el marxismo en el pensamiento político de la intelectualidad ucraniana durante el último medio siglo y en la conciencia independentista-estatal de nuestro pueblo”38. Surgen dos preguntas: ¿a qué “consecuencias nefastas del marxismo” en Ucrania aludía Poltava y qué él entendía por aquel marxismo al cual el nacionalismo revolucionario había declarado la lucha ideológica?

En primer lugar, es necesario aclarar que desde el comienzo hasta el fin de su existencia la OUN estaba profundamente marcada por el hecho de que la revolución nacional ucraniana de 1917-20 había fracasado al no culminar en la conquista de independencia de Ucrania. En este plano, la OUN seguía suscribiendo el balance hecho por sus fundadores, cuadros militares de la República Popular Ucraniana que fue suprimida por el Ejército Rojo de Rusia soviética en 1920. El primer presidente de la OUN, coronel Yevjen Konovalets, recordaba cómo la fuerza militar que había estado bajo su mando durante los años de la guerra civil, estuvo dispuesta a ponerse al servicio de cualquier fuerza política de dicha república, incluyendo la extrema izquierda de la socialdemocracia ucraniana, que tuviera un proyecto viable y consecuente de construcción del Estado nacional, y cómo no lo había conseguido39. El balance que fue hecho de esta experiencia se basaba en el supuesto —completamente erróneo— que las fuerzas políticas de la revolución ucraniana de entonces no habían sido capaces de abrazar la causa nacional de manera resuelta porque, influenciadas demasiado por el marxismo y las ideologías socialistas en general, se preocupaban ante todo de la cuestión social. La OUN consideraba que solo una vanguardia nacionalista revolucionaria que daba prioridad a la cuestión nacional, a la construcción del Estado nacional, pero al mismo tiempo perseguía construir la democracia política y una sociedad sin clases, podía asegurar una dirección política correcta a toda revolución nacional. “Estamos convencidos —escribía Poltava— que nuestra ideología es la ideología más apropiada para un pueblo oprimido que, en esta época decisiva de revoluciones de liberación nacional y revoluciones sociales, de emancipación de los pueblos que se encuentran bajo el yugo del imperialismo mundial y de liberación de los trabajadores de las cadenas de explotación y esclavitud capitalistas, lucha por su verdadera liberación nacional y social.”40

Para responder a la segunda pregunta es útil remitirse a uno de los más importantes escritos de Jornovy en que éste señalaba claramente dos cosas. Primero, que para los militantes de la OUN no había ninguna filosofía obligatoria, que lo único que tenían que compartir eran la ideología y el programa de la organización y que en sus filas se encontraban tanto los idealistas como los materialistas, lo que Jornovy consideraba como natural y justo. Segundo, decía: “Hay que distinguir el materialismo dialéctico e histórico de Marx y Engels del materialismo dialéctico de Stalin. El primero es considerado por nosotros como una determinada escuela filosófica del materialismo y su crítica corresponde a la ciencia. Contra la versión estalinista del materialismo dialéctico e histórico luchamos de la más decida manera como contra algo anticientífico, profundamente hostil a la ciencia, como contra algo que es un instrumento del partido bolchevique para legitimar su política explotadora-colonial. El materialismo dialéctico e histórico estalinista tiene muy poco en común con el de Marx-Engels.”41 Lo que es más, en el extenso trabajo En el frente ideológico bolchevique, en que demostraba que el llamado “desarrollo creador” del marxismo por el estalinismo constituía de hecho una ruptura con el marxismo, Jornovy afirmaba: “Para los magnates estalinistas es cada vez más difícil adaptar el marxismo, por que es justamente el marxismo la teoría que más duramente golpea a ellos mismos, contradiciendo la teoría bolchevique y desenmascarando su política. El marxismo se convierte hoy en un peligro tal para el bolchevismo como lo fue antaño para el zarismo. La única salida que tienen los bolcheviques en su ‘trabajo ideológico’ es incluir todas las obras de Marx y Engels en la lista de los libros prohibidos.”42

En una polémica con las posiciones de las Secciones Exteriores de la OUN, que dirigidas al Oeste por Stepan Bandera profesaban un nacionalismo reaccionario, de extrema derecha y acusaban a los dirigentes del movimiento de liberación nacional en Ucrania de haberse sometido ideológicamente al comunismo, Poltava escribía: “En su propaganda los bolcheviques hablan que ellos están por ejemplo, por la libertad nacional y la independencia de todos los pueblos, por la soberanía de todos los Estados nacionales, por la abolición de la explotación del hombre por el hombre, porque las más amplias masas populares vivan de manera cultural y en bienestar, porque desaparezcan las contradicciones entre la ciudad y el campo, entre el trabajo físico y el trabajo manual, etc. ¿Acaso podemos considerar estas ideas como injustas en sí mismas? ¿Acaso podemos decir que estas ideas son en sí mismas antipopulares y retrógradas? A nuestro modo de ver todo ser humano capaz de pensar debe aceptar que en si mismas estas ideas son justas y sanas. Así piensan las masas soviéticas. Si es así, entonces nosotros no tenemos derecho de combatir estas ideas, porque si nos colocáramos en las posiciones de los que están contra ellas, en las posiciones de los adversarios de las ideas justas, apareceríamos ante las masas como reaccionarios, adversarios del progreso. Lo que no quiere decir que no tenemos por qué combatir a los bolcheviques, puesto que ellos sostienen estas ideas solo formalmente, pronunciándose por ellas sin realizarlas, aprovechando las ideas que en si mismas son progresistas para esconder detrás de ellas su política que es antipopular al extremo. Esto es lo que debemos combatir. En este plano nosotros estamos combatiendo la práctica bolchevique, no las ideas. Toda nuestra experiencia nos convence que en este plano nosotros estamos siguiendo un camino absolutamente justo. Si no procediéramos así, no tendríamos una base ideológica apropiada para luchar contra el bolchevismo. La cosa se presenta de otra manera cuando nos enfrentamos a las falsas teorías de la ideología bolchevique, como es por ejemplo el caso de la teoría de Stalin sobre a posibilidad de construir el comunismo en un solo país o de la teoría sobre la superioridad del pueblo ruso, etc. En estos casos combatimos también la teoría.”43

En su comentario a la carta enviada por Poltava a Vpered, Majstrenko escribía: “Por no conocer la biografía de O. Jornovy y partiendo solo de sus escritos, le calificamos una vez en el pasado de marxista revolucionario, salido de una escuela marxista comunista. Recientemente fuimos más prudentes en la caracterización de Jornovy. En el no. 3 (12) de Vpered, introduciendo un artículo de Jornovy, dijimos: ‘En Poltava se siente una escuela nacionalista, en Jornovy una escuela marxista’. También hoy consideramos que la obra de Jornovy En el frente ideológico bolchevique es marxista. Si el mismo Jornovy piensa de otra manera, esto no es aun ninguna prueba de que no sea así. Un personaje de Molière también pensaba que hablaba poesía mientras que hablaba prosa. (…) La información que nos ha suministrado P. Poltava, que O. Jornovy es un viejo militante de la OUN y no sale de ninguna escuela marxista, solamente confirma nuestra vieja convicción que en la realidad ucraniana los argumentos científicos marxistas son tan poderosos en la lucha contra el bolchevismo que incluso un viejo nacionalista como Jornovy debe recurrir a ellos y educar en ellos a la joven generación de nacionalistas en el país.”44

El Nacionalismo Revolucionario y el Socialismo Revolucionario

Ante el hecho de que los sectores nacionalistas de derecha en el exilio, sintiéndose sumamente molestos por las posiciones del movimiento de liberación ucraniano, sembraban dudas sobre la representatividad del pensamiento político de Jornovy y Poltava, la dirección nacional clandestina de la OUN emitió una aclaración al respecto en que confirmó formalmente que los escritos de los dos comandantes del UPA tenían un carácter oficial, añadiendo: “no hay en ellos ninguna ‘desviación marxista’”45. Esta dirección declaró también: “Estamos contra el hecho de que se nos vincule con tal o cual doctrina y teoría. Nuestras ideas y concepciones políticas no tienen origen en una doctrina sino en las necesidades y aspiraciones reales del pueblo ucraniano y se apoyan en las tendencias de desarrollo del mundo contemporáneo.”46 Es evidente que la OUN se encontraba en las posiciones del nacionalismo revolucionario y no del socialismo revolucionario. Vsevolod Holubnychy tenía razón cuando escribía sobre los dirigentes de la OUN: “No eran marxistas. No enfocaban la situación desde el punto de vista de una doctrina integral. Esto fue probablemente su más grande debilidad, porque un partido o una organización revolucionarios no pueden actuar exitosamente sin una doctrina científica. Pero está claro que elaborando su programa ellos partían de la realidad de la sociedad soviética, de los verdaderos ‘estados de animo’ del pueblo.”47 En Ucrania independiente por lo cual combatían querían construir un socialismo democrático que denominaban “sociedad sin clases”. Tales eran las aspiraciones de los trabajadores de la URSS que ellos comprendían bien y a los cuales eran fieles. Su manera de criticar tanto el sistema de poder de la burocracia totalitaria como el capitalismo, su programa de la revolución nacional combinada con la construcción de un “sociedad de clases”, que se inspiraban ampliamente en la teoría marxista aunque ésta no fue asumida como tal, hacía de ellos aliados objetivos de los socialistas revolucionarios, como lo son en general los revolucionarios que podemos calificar como más o menos empíricos.

No es nuestro objetivo, en el marco de este artículo, desarrollar una crítica marxista de los aspectos erróneos de las posiciones del movimiento de liberación ucraniano, dirigido por la OUN. Esto no es difícil hacer. Más interesa comprender el origen de sus errores y limitaciones nacionalistas, las causas de un enorme retroceso en la conciencia del que este movimiento partía, “echado para atrás” por la historia y no obstante buscando soluciones revolucionarias, así como las cuestiones reales que planteaba aún cuando les daba respuestas equivocadas. La posiciones de este movimiento se distinguían del marxismo revolucionario fundamentalmente en cuatro planos.

Primero, aunque Poltava escribía: “Los nacionalistas no negamos la lucha de clases, puesto que ésta es un hecho real y puesto que sin lucha en la vida es imposible todo progreso, incluso el social”48, la OUN atribuía la primacía no a la lucha de clases sino a la “idea nacional”. Cometía un error frecuente entre los combatientes por la liberación de los pueblos oprimidos. Idealizaba el Estado nacional y proyectando al universo esta idealización, creía que la construcción de un sistema mundial de Estados nacionales libres pondría fin al imperialismo y a la opresión de unos pueblos por otros, si la fundación de un sistema tal coincidiría con las revoluciones sociales tendientes a derrocar la dominación de las clases explotadoras y parasitarias sobre los trabajadores en el marco de cada Estado. Los marxistas no podemos desistir de señalar el carácter caduco de los Estados nacionales en el mundo de hoy, pero debemos tener claro que se trata de una sola cara de la medalla. Hay otra: en este siglo la lucha de masas contra el imperialismo engendra más y más Estados nacionales, cuya formación está inscrita en la tendencia natural de esta lucha. Un proceso similar desencadenarán sin duda las revoluciones contra los regímenes de la burocracia totalitaria, especialmente en un Estado multinacional como la Unión Soviética.

Segundo, aunque el movimiento nacional ucraniano estaba por la colaboración y alianza con todos los movimientos de liberación nacional, así como también por la alianza con los trabajadores rusos, la OUN rechazaba el internacionalismo proletario. Le consideraba contradictorio con las tareas y objetivos de una revolución nacional, viendo en él un factor de descomposición de la conciencia nacional y una fachada que ocultaba las tendencias a la dominación de unos pueblos sobre otros. Si bien su posición al respecto era profundamente incorrecta, no se debe olvidar su origen. Era en gran medida una reacción al estalinismo, pero no solo a él. Ya en 1918 el bolchevique ucraniano Vasyl Shajrai desenmascaraba ciertos discursos sobre el internacionalismo proletario que hacían total abstracción de la cuestión nacional no solo por un error teórico sino también por las presiones del chovinismo de la nación dominante. Sorprende por ejemplo el hecho de que el segundo gobierno bolchevique en Ucrania, establecido por el Ejército Rojo, estuvo formado con el apoyo de Lenin por militantes que en la cuestión nacional representaban una posición que el mismo Lenin unos años antes había fustigado con vigor, caracterizándola como “economismo imperialista”. Dicho gobierno consideraba Ucrania como una provincia meridional de Rusia y negaba la existencia misma de la nacionalidad, la lengua, la cultura ucranianas, llegando a afirmar que se trataba de un puro invento de un puñado de intelectuales. La hostilidad que provocó este gobierno entre las masas populares contribuyó decisivamente a su caída. Parece que en lo que se refiere a la cuestión nacional en el caso de los pueblos oprimidos es mejor aprender de los combatientes revolucionarios de estos pueblos, aunque sean nacionalistas, que de los revolucionarios de las naciones dominantes, aunque sean marxistas.

Tercero, aunque la OUN reconocía la Revolución de Octubre como una gran conquista de los trabajadores y defendía lo que quedaba de ella en las relaciones de propiedad, acusaba a los bolcheviques que éstos habían usurpado el poder y reconstruido el imperio ruso. Distinguiendo, a veces de manera penetrante y ejemplar, el marxismo del estalinismo, la OUN distinguía solo hasta cierto punto el bolchevismo del estalinismo. Este error también tenía su origen en determinados hechos históricos: en la ruptura entre la revolución nacional ucraniana y la revolución social rusa, seguida por la supresión de la primera por la segunda. Fue una ruptura dramática en la dinámica de la revolución permanente, caso que a los marxistas queda por estudiar objetivamente y que no puede seguir siendo ignorado so pretexto de la justa admiración que les merece la revolución rusa.

Cuarto, los dirigentes de la OUN cometían un error común a muchos militantes de las revoluciones políticas en Europa del Este: consideraban —a partir de su naturaleza política— el régimen existente en la URSS en su conjunto como el más reaccionario en el mundo. Aunque insistían en la naturaleza parasitaria por excelencia de la “clase de magnates estalinistas”, no se daban cuenta de las consecuencias que tiene la contradicción antagónica existente entre la dominación de ésta y el carácter colectivo de propiedad de los medios de producción. Producto de este error, la OUN veía en la URSS la más peligrosa potencia imperialista que aspiraba a la conquista militar del globo terrestre y era la principal incendiaria de una nueva guerra mundial. Pero una vez más, es bueno darse cuenta del núcleo racional de esta posición. Si poco antes de morir Lenin denunció la peligrosa subsistencia de lo que no vacilaba calificar como “imperialismo ruso” y se vio obligado a “declararle una guerra a muerte”, es obvio que esta denuncia vale cien veces más hoy, después de la degeneración burocrática y chovinista de la revolución rusa. No sirve a nada liquidar esta cuestión predicando que “no hay imperialismo donde no hay fase suprema del capitalismo”. El pueblo ucraniano y decenas de otros pueblos de la Unión Soviética sufren una opresión y explotación que se asemejan demasiado, si no en sus mecanismos, en todo caso en sus consecuencias, a lo que padecen los pueblos oprimidos por las potencias imperialistas del mundo capitalista, para que la existencia y la realidad del “imperialismo ruso” sean ignorados por los marxistas, aunque sus bases y su dinámica se considere a justo título como completamente distintas del imperialismo burgués.

Independientemente de todo lo que nos separa del nacionalismo revolucionario, corresponde a nosotros, socialistas revolucionarios reivindicar la memoria y el patrimonio de Jornovy, Poltava y otros combatientes de la revolución nacional ucraniana de los años 40. No solo por el honor que merecen como todos verdaderos revolucionarios. También porque su acción política y su obra teórica nos enseñan la enorme importancia de la opresión nacional en el surgimiento y la reproducción del sistema de poder de la burocracia totalitaria en la Unión Soviética. Y porque facilitan mucho comprender que si “la clase de magnates estalinistas debe ser removida por fuerza del camino de desarrollo de la sociedad”, como escribía Jornovy, “la revolución social encuentra su apoyo en las revoluciones nacionales de los pueblos oprimidos de la URSS”49.

Epílogo 2015
Vasyl Kuk

Vasyl Kuk-Lemish

La cuestión nacional ucraniana siempre ha sido y sigue siendo un efecto histórico de la doble opresión imperialista, polaca y rusa, del pueblo ucraniano y las luchas nacionales ucranianas contra esta opresión en los dos frentes. Comencé a estudiarla en 1984, viviendo en exilio en Francia.

Por un lado, mi objetivo era comprender las causas y la historia del dramático conflicto polaco-ucraniano y sus presentes consecuencias. El conflicto llegó a su horrible climax en 1943-44, cuando en Ucrania occidental (anteriormente polaca) las guerrillas de los dos lados masacraron mutuamente a las poblaciones civiles, y en 1944-47, cuando el régimen estalinista polaco llevó a cabo una limpieza étnica total de cientos de miles de ucranianos que vivían dentro de las nuevas fronteras, las de posguerra. En 1984, el régimen del General Jaruzelski lanzó en los medios de comunicación polacos una nueva campaña chovinista antiucraniana explotando el legado de este terrible conflicto.

Por otro lado, comprendí que la crisis cada vez más profunda del sistema soviético era al mismo tiempo una crisis del imperialismo burocrático ruso que anunciaba una desintegración de la Unión Soviética según las líneas nacionales. Era posible y hasta muy probable que, por primera vez desde la época del Estado cosaco en el siglo XVII, Ucrania llegara pronto a ser un Estado independiente. Una nueva disidencia independentista crecía allí rápida y vigorosamente. Para aquellas fuerzas democráticas polacas en Polonia que continuaban combatiendo el poder burocrático después del aplastamiento de Solidarność, el auge de las aspiraciones ucranianas a la independencia nacional era una señal significativa.

Entre las luchas nacionales ucranianas que hacía falta estudiar una de las más importantes era la lucha llevada a cabo desde 1943, primero bajo la ocupación nazi y luego bajo el poder soviético, por una amplia insurgencia y una clandestinidad armada nacionalistas en Ucrania occidental. En Polonia y en la Unión Soviética la historia de este movimiento estaba sometida a un control ideológico extremadamente severo e increíblemente distorsionada por los regímenes burocráticos. En el bloque soviético el primer libro de carácter científico (aunque “políticamente correcto”) sobre esta historia apareció en 1973 en Polonia; lo escribieron dos historiadores militares50. Era un evento historiográfico, pero el libro fue immediatamente retirado de las librerías y bibliotecas y (casi) toda la tirada destruida por orden del Ministerio del Interior polaco.

En los años de guerra y de posguerra el movimiento nacionalista ucraniano era dirigido por una corriente inicialmente de extrema derecha, “nacionalista integral”: por los llamados banderistas, es decir, seguidores de Stepan Bandera (en realidad, después de su encarcelamiento por los nazis en 1941, él nunca recuperó el liderazgo ni volvió a Ucrania). El punto crucial, totalmente oscurecido por la literatura soviética y polaca sobre el asunto, era el hecho de que al empeñarse en una insurgencia nacional y social de masas, esta corriente se volcó progresivamente hacia la izquierda. En el curso de su lucha contra el régimen estalinista ella adoptó un programa de construcción de una “sociedad sin clases” en el futuro Estado independiente, basada en la “socialización de los medios de producción fundamentales”, la “economía planificada” y la “democracia política”. Uno de los principales teóricos de este nuevo nacionalismo genuinamente revolucionario, el comandante Petro Fedun “Poltava”, reconoció explíctamente en un correo interno: “Nuestro programa es, de hecho, un programa del socialismo.”51

Descubrí todo eso con enorme asombro. Descubrí también que en el pasado, a fines de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, la evolución política de esta corriente nacionalista era seguida muy de cerca por un grupo de marxistas en la diáspora ucraniana. Incluso ellos entablaron una discusión política con la dirección de la clandestinidad nacionalista en Ucrania. Por intermedio de este grupo, varios marxistas occidentales como Ernest Mandel, Pierre Frank, Livio Maitan, George Breitman y Hal Draper estaban al corriente de esta evolución y algunos de ellos la comentaron públicamente.

Todo aquello era objeto de mis primeros artículos sobre la cuestión ucraniana (firmados por lo general con el seudónimo de Arthur Wilkins).

Cuando, hace treinta años, escribí el artículo que precede, los archivos soviéticos estaban cerrados a cal y canto. Muchas cosas no eran conocidas, incluyendo algunas muy elementales. Por ejemplo, no era conocido, al menos públicamente, el verdadero nombre y apellido de Petro Poltava. Hay sabemos que él se llamaba Petro Fedun y que cuando cayó en combate tenía 32 años52. Esto se reveló apenas después del derrumbe de la Unión Soviética. Hoy los archivos post-soviéticos están ampliamente abiertos y tenemos acceso a una evidencia masiva que confirma completamente la apreciación de la evolución ideológica y programática de la insurgencia y la clandestinidad nacionalistas ucranianas presentada en mi artículo.

Pero el artículo sufrió inevitablemente de serias lagunas. Yo no conocía ni los primeros protagonistas más importantes del empuje “revisionista” al final de la guerra ni un evento “revisionista” muy importante que había sido organizado en junio de 1944.

Myjailo Stepaniak (“Serhiy”) era un marxista antiestalinista y antiguo militante del Partido Comunista de Ucrania Occidental. Adhirió a la OUN banderista durante la primera anexión de Ucrania occidental por la Unión Soviética (1939-41) y luego llegó a ser un destacado miembro de su dirección nacional. En diciembre de 1943 fue eliminado de la dirección por oponerse a la línea política que promovía el nuevo presidente de la OUN, Roman Shujevych, conjuntamente con el fundador del UPA y su comandante en Volinia, Dmytro Kliachkivsky (“Klym Savur”). Entre otros puntos del desacuerdo, Stepaniak se oponía a la “acción antipolaca” extremadamente sangrienta del UPA voliniano. Shujevych ordenó a que se deportara a Stepaniak bajo un virtual arresto de Lviv a Volinia. Stepaniak entabló allí una colaboración política con dos miembros de la dirección nacional de la OUN, Busel y Kuk.

Yakiv Busel (“Kyivsky”, “Halyna” o “Dniprovy”) era líder adjunto de la OUN en Volinia. Siguiendo el auge de masas en la región, promovía y teorizaba una revisión radical del programa y la estrategia del movimiento nacionalista. Criticando tanto el régimen estalinista como el capitalismo, desarrollaba la idea de la “construcción de una sociedad sin clases”. Era autor de un escrito fundamental bajo el título de Los problemas de nuestra liberación53. Vasyl Kuk (“Lemish”) representaba una posición muy similar. Anteriormente, bajo la ocupación nazi, había dirigido la clandestinidad nacionalista en el sureste de Ucrania, donde conoció las realidades sociales forjadas tanto por la Revolución de Octubre como por el régimen burocrático estalinista. Bajo la influencia de estas realidades y de las aspiraciones de las masas, en especial, la joven y fuerte clase obrera formada durante la industrialización estalinista, tomó la iniciativa de revisar el programa en el congreso extraordinario de la OUN que se llevó a cabo en agosto de 1943. Pero de hecho el nuevo programa solamente existía sobre el papel.

En junio de 1944, la línea del frente soviético-alemán dividió las fuerzas de la insurgencia nacionalista. Una sección, incluyendo a Shujevych, se quedaba del lado alemán del frente, mientras que otra, incluyendo a Stepaniak, Busel y Kuk, se encontraba del lado soviético. Era entonces que los últimos decidieron reemplazar la OUN con una nueva organización política. Sostuvieron una conferencia con la participación de otros varios dirigentes nacionalistas y declararon la fundación de la Organización de Liberación Popular Revolucionaria (NVRO)54. Su proyecto, elaborado por Stepaniak en el documento llamado En la nueva realidad55 era extraordinariamente ambicioso. La NVRO tendría que construirse y operar no solamente en Ucrania sino a escala de toda la Unión Soviética, con el objetivo de preparar y conducir una revolución antimperialista y social. Esta revolución sería una obra conjunta de las nacionalidades oprimidas y las masas populares de todas las nacionalidades, incluyendo las rusas, bajo la dirección de la multinacional clase obrera soviética.

Stepaniak, el principal cerebro político del proyecto, fue capturado por las fuerzas de seguridad soviéticas inmediatamente después de la conferencia. La NVRO –de hecho la OUN bajo el nuevo nombre y bajo la dirección de Kuk y Busel– funcionó en algunas partes de Volinia durante varios meses. Había un serio peligro de escisión del movimiento nacionalista e incluso de un choque armado entre las fracciones. La crisis política provocó una purga sangrienta, llevada a cabo en las filas de la OUN y el UPA por el Servicio de Seguridad de la OUN, bajo obsesión de una masiva infiltración enemiga. Este cuerpo se encontraba bajo el control de la extrema derecha. Sin embargo, en una reunión de la dirección de la OUN, Kuk y Busel se pusieron de acuerdo con Shujevych para llegar a un compromiso: mantener la unidad, disolver la NVRO y abrir la OUN a una revision ideológica y programática56.

Busel fue asesinado por las fuerzas de seguridad soviéticas en septiembre de 1945. Kuk y Shujevych desconfiaban el uno del otro y, de hecho, dirigían dos redes diferentes en el seno de la clandestinidad nacionalista. No obstante, Kuk ascendió en los años de posguerra al puesto de adjunto de Shujevych, mientras que Shujevych aceptaba progresivamente el curso “revisionista” promovido por Kuk y teorizado por una nueva generación de los pensadores nacionalistas, encabezada por Poltava y Jornovy. En algunos sectores de la clandestinidad dirigentes formados en la antigua escuela del “nacionalismo integral” de extrema derecha intentaban resistir este curso. Este era especialmente, el caso de Vasyl Sydor (“Shelest”), líder de la OUN en el país de los montes Cárpatos57. Pero desde la segunda mitad de 1947, una fuerte ofensiva ideológica llevada a cabo por Poltava y Jornovy con el apoyo tanto de Kuk como de Shujevych quebró la resistencia de estos sectores.

Después de la muerte de Shujevych, asesinado en marzo de 1950 por las fuerzas de seguridad soviéticas, Kuk tomó la direccion central de la clandestinidad en sus propias manos, mientras que Poltava ascendió al cargo de adjunto de Kuk. Apoyado por Poltava y Jornovy, Kuk llevó a cabo una aguda lucha ideológica con las posiciones “nacionalistas integrales” de las Secciones Exteriores de la OUN, dirigidas por Stefan Bandera. Otro sector de la OUN en el exterior, concentrado en torno a la Representación en el Exterior del Consejo Supremo de Liberación Ucraniano (ZP UHVR), declaró su apoyo al curso “revisionista”. Comentando el duro conflicto con sectores del movimiento nacionalista ucraniano activos en el exilio, Kuk decía: “En el Oeste consideran que soy marxista, porque nosotros condenamos el capitalismo. Si les propones que lean El Capital de Marx, enseguida te tratarán de agente bolchevique.” Su biógrafo lo caracteriza como un militante “con revólver en la mano y con El Capital en la cabeza”.58

La correspondencia que comenté en mi artículo, entre el grupo de marxistas activos en la diáspora ucraniana, representados por Ivan Majstrenko y Vsevolod Holubnychy, y la dirección de la clandestinidad nacionalista en Ucrania, se conocía entonces apenas parcialmente. La correspondencia completa salió finalmente a la luz pública en 2013, en el segundo tomo de las obras de Poltava que incluía sus cartas recientemente descubiertas y otros materiales cuya autoría había sido establecida. Los editó un historiador ucraniano, Myjailo Romaniuk, y los publicó la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, bajo el título de La concepción de la Ucrania independiente59.

A propósito de esta correspondencia, Holubnychy explicó en el periódico socialista norteamericano Labor Action (del 29 de enero de 1951): Los dos lados “tienen el mismo programa político, pero entre ellos hay diferencias ideológicas y políticas. Como nacionalista, Poltava estrictamente rechaza el socialismo marxista, aunque acepte el programa político de la sociedad sin clases, basada en la socialización de los medios de producción y la democracia política, rechace todos los imperialismos y considere que la sociedad sin clases hay que construirla a escala mundial mediante la abolición del capitalismo y la propiedad privada.”

Por otro lado, continuaba Holubnychy, Majstrenko le “pregunta cómo su aceptación de este programa se ajusta a su rechazo del marxismo, en la medida en que el mismo programa es justamente un programa marxista. Poltava responde diciendo que ese programa surgió de la realidad práctica de las condiciones que existen en la URSS y no de cualquier teoría o doctrina política. Añade que rechaza el marxismo porque, pretende, subestimó la cuestión nacional y fracasó en su solución.” En todo caso, concluía Holubnychy, se ve que “los nacionalistas están forzados por las condiciones reales en [la Union Soviética] a aceptar el programa del socialismo revolucionario.”60

Más de 60 años más tarde aún queda por explicar por qué las condiciones reales les forzaban allí a adoptar el progroama como él que adoptaron. No es una tarea fácil, porque en alguna medida las condiciones eran muy desfavorables. En el primer lugar, hay que tener en cuenta que ellos llevaban a cabo su lucha en Ucrania occidental, que apenas hace poco había sido anexada por la Unión Soviética y además era una region muy subdesarrollada, con una clase obrera muy pequeña y débil. En el segundo lugar, eran un movimiento esencialmente pequeñoburgués basado en el campesinado que defendía desesperadamente su propiedad privada contra la colectivización forzada. La clandestinidad armada los apoyaba muy activamente en esta resistencia. Requiere también una explicación de cuándo y cómo las condiciones reales en la Unión Soviética dejaron de forzar a los que combatían el régimen soviético a adoptar un programa así. Los que estudian la evolución de la URSS pero no conocen la experiencia de la clandestinidad nacionalista ucraniana jamás se imaginan que esta experiencia plantee una cuestión esencial como ésta, a la cual sus estudios deberían aportar una respuesta, pero no la aportan.

Kuk fue capturado en mayo de 1954. La fecha de su captura se considera convencionalmente como el fin de la clandestinidad armada nacionalista en Ucrania. Stalin había muerto ya y algo cambiaba en la Unión Soviética. Kuk no fue fusilado. Después de pasar seis años en la cárcel, salió a la libertad en 1960. A Stepaniak lo liberaron en 1961; había pasado diecisiete años en las cárceles y los campos del Gulag. Murió en 1967 a la edad de 62 años. Kuk murió en la Ucrania independiente, en 2007, a la edad de 96 años.

El epílogo traducido por el autor y corregido por Lucas Malaspina

[1] J. Borys, The Sovietization of Ukranie 1917-1923, Canadian Institute of Ukrainian Studies, Edmonton, 1980.

[2] I. Lysiak-Rudnyts´kyi, Mizh istorieiu i politykoiu [Entre la historia y la política], Suchasnist´, Munich, 1973, pp. 218-227.

[3] S. Mazlakh, V. Shahrai, On the Current Situation in the Ukraine, University of Michigan Press, Ann Arbor, 1970.

[4] I. Majstrenko, Borot´bism. A Chapter in the History of Ukrainian Communism, Edwards Brothers, Ann Arbor 1954 y del mismo autor, Istoriia Komunistychnoi Partii Ukraiiny [Historia del PC de Ucrania], Suchasnist´, Munich, 1979.

[5] M. Jvylovy, Tvory v p´iatoj tomaj [Obras en cinco tomos], tomo 4, Smoloskyp, Nueva York-Baltimore, 1983.

[6] B. Krawchenko, “La grande famine en Ukraine », L’Alternative, no. 24, 1983.

[7] H. Kostiuk, Stalinist Rule in the Ukraine: A Study of the Decade of Mass Terror 1929-1939, Institut zur Erforschung der UdSSR, Munich, 1960.

[8]. I. Dziuba, Internationalisme ou russification?, Nouvelle Optique-Savelli-PIUF, Montreal-París, 1980.

[9] B. Levvtzkyj, Politics and Society in Soviet Ukraine 1953-1980, Canadian Institute of Ukranian Studies, Edmonton, 1984.

[10] W. Dushnyk (ed.), Ukraine in a Changing World, Ukrainian. Congress Committee of America, Nueva York, 1977, pp. 153-172.

[11] V. Jolubnychy, “Ukraina v systemi vserosiis´kojo, evropeis´kojo i svitovojo jospodarstva [Ucrania en el sistema de economía panruso, europeo y mundial], Suchasnist´, nos. 9-10 (539-540), 1969.

[12] Dokumenty ukrains´kojo komunizmu (Documentos del comunismo ucraniano), Proloh, Nueva York, 1962, pp. 132-230.

[13] I. Maistrenko, Istoriia…, op. cit., p. 135.

[14] B. Krawchenko, “Nationalité et classes sociales en Ukraine soviétique”, L’Alternative, no. 27-28, 1984.

[15] A. J. Motyl, “The Rural Origins of the Communist and Nationalist Movements in Wolyn Województwo 1921-1939”, Slavic Review, tomo XXXVII no. 3, 1978.

[16] A. J. Motyl, “Ukrainian Nationalist Political Violence in the Interwar Poland 1921-1939”, East European Quarterly, tomo XIX no. 1, 1985.

[17] A. J. Motyl, The Turn to the Right: The ldeological Origins and Development of Ukrainian Nationalism 1919-1929, Columbia University Press, Nueva York, 1980.

[18] J. A. Armstrong, “Collaborationism in World War II: The Integral Nationalist Variant in Eastern Europe”, Journal of Modern History, tomo XXX no. 3, 1968.

[19] B. Krawchenko, Social Change and National Consciousness in Twentieth-Century Ukraine, Macmillan, Londres, 1985, pp. 153-161.

[20] L. Shankovs´kyi, Pojidni jrupy OUN [Grupos expedicionarios de la OUN], Ukrains´kyi Samostiinyk, Munich, 1958, pp. 91-117.

[21] Ye. Stajiv, “Natsionalno-politychne zhytiia Donbasu v 1941-1943 rr.” [La vida político-nacional en Donbas en los años 1941-1943], Suchasna Ukraiina, nos. 16-19 (144-147), 1956.

[22] A. J. Motyl, “The Ukrainian Nationalist Movement and the Galician Reality”, Meta, no. 1, 1975.

[23] Litopys Ukraiins´koi Povstans´koi Armii [Crónica del UPA], tomo 8, Vydavnytstvo Litopys UPA, Toronto, 1980, pp. 64-65.

[24] OUN v svitli postanov Velykyj Zboriv, Konferentsii ta inshyj dokumentiv z borot´by 1929-1955 r. [La UON a la luz de las resoluciones de los Congresos Generales y Conferencias y de otros documentos de la lucha de 1929-1955], Vyd. ZCh OUN, [Munich,] p. 99.

[25] Litopys Ukraiins´koi Povstans´koi Armii, tomo 1, Vydavnytstvo Litopys UPA, Toronto, 1978, pp. 126-130.

[26] P. Poltava, Zbirnyk pidpilnyj pysan´ [Coleccion de los escritos clandestinos], Ukraiins´kyi Samostiinyk, Munich, 1959, p. 145.

[27] O. Diaquiv-Jornovy, Ideia i chyn: Povna zbirka tvoriv [La idea y la gesta: Obras completas], Association of Former UPA Fighters, Nueva York, 1968, pp. 193-194.

[28] P. Poltava, op. cit., p 258.

[29] “Stanovyshche Provodu OUN na Ukraiins´kyj Zemliaj do roznyj spirnyj pytan´ za kordonom” [La posición de la Dirección de la OUN en las Tierras Ucranianas ante varias cuestiones litigiosas en el exterior], Ukraiins´kyi Samostiinyk, no. 13 (219), 1954, p. 3.

[30] Ye. Shtendera-Prirva, “Prychyny porazok polskojo vyzvolnojo ruju” [Las causas de las derrotas del movimiento de liberación polaco], Vpered, no. 9-10, 1950, p. 9.

[31] O. Diaquiv-Jornovy, op. cit., pp. 257-258.

[32] Ibid., p. 257.

[33] P. Poltava, op. cit., pp. 213-214.

[34] Ibid., pp. 169-170.

[35 Litopys Ukraiins´koi Povstans´koi Armii, tomo 8, pp. 203-240.

[36] P. Poltava, op. cit., p. 204.

[37] “Problemy nashojo vyzvolennia” [Los problemas de nuestra liberación], Suchasna Ukraiina, no. 7, 1953, p. 3.

[38] P. Poltava, “Lyst do A. Babenka [Carta a A. Babenko], Vpered, no. 4 (13), 1950, p. 4.

[39] Y. Konovalets´, Prychynki do istorii ukraiins´koi revoliutsii [Contribuciónes a la historia de la revolución ucraniana], Nakl. PUN, 1948.

[40] P. Poltava, op. cit., p. 4.

[41] O. Diaquiv-Jornovy, op. cit., 149.

[42] Ibid., p. 254.

[43] P. Poltava, “Lyst do druziv za kordonom (III)” [Carta a los amigos en el exterior], Ukraiins´kyi Samostiinyk, no. 15 (221), 1954, p. 3.

[44] A. Babenko [I Maistrenko], “Zavvajy do lysta P. Poltavy” (Observaciones a la carta de P. Poltava), Vpered, no. 4 (13), 1950, p. 5.

[45] “Stanovyshche…”, p. 6.

[46] “Roz´iasnennia Provodu Orhanizatsii Ukraiins´kyj Natsionalistiv na Ukraiins´kyj Zemliaj v deiakij ideolohichnyj, prohramovyj i politychnyj pytanniaj” [Aclaraciones de la Dirección de la Organización de Nacionalistas Ucranianos a algunas cuestiones ideológicas, programáticas y políticas], Surma, no. 25, 1950, p. 12.

[47]. W. Wilny (V. Holubnychy), “The Future of the Soviet Union”, Fourth International, mayo-junio 1951, p. 80.

[48] P. Poltava, “Lyst do A. Babenka”, p. 4.

[49] O. Diaquiv-Jornovy, op. cit., p. 258.

[50] A.B. Szcześniak, W.Z. Szota, Droga do nikąd: Działalność Ukraińskich Nacjonalistów i jej likwidacja w Polsce, MON, Varsovia, 1973.

[51] P. Fedun – “Poltava”, Kontseptsiya samostiynoy Ukrayiny, Vol. 2, NAN Ukrayiny. Instytut Ukrayinoznavstva im. I. Krypyakevycha – Tsentr Nezalezhnykh Istorychnykh Studiy, Lviv, 2013, p. 261.

[52] Al caer un año antes, Osyp Diaquiv (“Jornovy”) tenía 29 años.

[53] “Problemy nashoho vyzvolennya”, Propahandyst, no. 2, 1945.

[54] Los documentos de la NVRO descubiertos en los antiguos archivos soviéticos se publicaron en Litopys UPA. Nova seriya, Vol. 8, Vydavnytstvo Litopys UPA, Kiev – Toronto, 2006, pp. 187-224. También hay un informe anónimo e inédito sobre la historia del NVRO, NVRO (Narodno-Vyzvolna Revolyutsiyna Orhanizatsiya), en el Archivo Estatal Ramal del Servicio de Seguridad de Ucrania, HDA SBU – F. 13. – Spr. 372. – T. 3.

[55] Sigue siendo inédito y no hay que confundirlo con una versión muy abreviada y esterilizada o censurada que apareció después de la captura de Stepaniak (publicado bajo el seudónimo de Serhyi Dmytriv) en el órgano central de la OUN, Ideia i Chyn, no. 8, 1945, pp. 2-8 (reproducido en Litopys Ukraiins´koi Povstans´koi Armii, tomo 24, Vydavnytstvo Litopys UPA, Lviv – Toronto, 1996, pp. 322-330). Véase la versión completa de V noviy diysnosti, en Archivo Estatal Ramal del Servicio de Seguridad de Ucrania, HDA SBU – F. 13. – Spr. 376. – T. 6., y en el Archivo del Centro de Investigaciones sobre el Movimiento de Liberación, ATsDVR – F. 9. – T. 47.

[56] Las minutas de esta reunión las publicó V. Dzyobak, Konflikty v OUN (B) i yikh vplyv na ukrayinskiy Rukh Oporu (1941-1944 rr.), Infotsentr, Kiev, 2005, pp. 167-266.

[57] Véase el intercambio de cartas entre Shelest y Poltava, en P. Fedun – “Poltava”, op. cit., pp. 63-65, 81-85.

[58] D. Vedeneev, Odisseya Vasiliya Kuka, KIS, Kiev, 2007, pp. 29-31.

[59] P. Fedun – “Poltava”, op. cit., pp. 105-120, 157-162, 188-200. Todos los escritos hallados hasta ahora e identificados de O. Diaquiv – “Hornovy” se publicaron en Litopys UPA. Nova seriya, Vol. 17, Vydavnytstvo Litopys UPA, Kiev – Toronto, 2011.

[60] Labor Action. Independent Socialist Weekly, Vol. 15, no. 5, 1951. http://www.marxists.org/history/etol/newspape/laboraction-ny/1951/v15n05-jan-29-1951-LA.pdf

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